La Mujer Canica

miércoles, marzo 07, 2007


La pregunta de ese bicho se asoma desde y hasta los límites de sus huesos. (Pasa una nube). Hace llover tormentas en la boca y un relámpago (grita como un alma), que lo chupa (y tiembla adentro de la luz), estaquea la llaga y la joroba del tiempo: representante de la vida.
Se le caen astros, de la nuca a la boca, cuando sopla el miedo que causa una posible certeza, y ese miedo a lo que no...No... Hay. Los munditos los dioses las estrellas, se agitan y fijan en los lugares del aliento, una poesía y una violencia, y van atados a soles lunas y mares, también (tan bien) atados a... no se distingue (bufa el viento). Con hilo en los tobillos aparecen las caras en la mitad de esa cosa que no se llama como alguien, pero que es alguien, y corre como loca con un coraje(... que da miedo) intentado alejarse, poderosa, del olvido. (alguien vuelve al mismo lugar) (alguien está esperando abusivo hasta el cansancio) (alguien se siente un personaje kafkiano). Corre de la muerte, que la observa tan gata: corajuda, independiente imposible, que siempre tiene un rato mas para esperar.
La boca se le achucharra y se mete al bolsillo. El hombre se hace, cada vez más, eficientemente máquina y, la máquina se hace, cada vez más, dignamente humana. Tal vez, esa sea la justicia, el precio objetivo, el círculo perfecto, la magia del engranaje y la evolución que transforma todo en adaptable.
Inhala aire, con un gesto así como si quisiera capturar las verdades por la nariz en ese rincón, en ese quiebre de segundo suspendido. Revuelve, con las letras y los ojos, los pulmones. Le tirita el alma. Quiere un espejo urgente. Se mira. Pasmado, se agarra de las cosas con nombre y resuelve la desesperación. (Una parte, se la ganó el olvido vacío; la otra, Otro). Es cada vez más todos y menos él. Es otra pregunta sin punto final. Es sangre y herida de un puño que quiso voltear la pared en una furia y se dolió.