La Mujer Canica

sábado, septiembre 16, 2006





Y qué si dicen que no existe tal cosa. Ni las manos ni el brazo extendido como red esperando al abrazo o al mentón rasposo, buscando algún hombre entre la gente, alguien. Pero se enciende la luna por el televisor y escupe un nombre, un tiempo empañado de personas propias, al espacio de Dios empeñado, un chorro grueso de espanto en el mundo a donde las golondrinas nunca volvieron y en los ojos vuelan las estrellitas cegadoras y la gallina se fuga del puchero. Insisto: es Otro día para creer en la fe---.
Y qué si supieras que nada existe más sano ni más limpio entre los hombres que ésto.
Y así y así permanecer en la costumbre que se hace orden, y mirar con ojos de elefante los dedos que no traen sorpresitas ni se animan y, además, cambiar la angustia por alguna mercancía sin pregunta o cosa sin sentido y así nos evitamos a esos
los que se fueron y fuimos
los que nunca olvidamos debajo de la tierra
los que el ayer se chupó incompletos
los hoy que tanto cuestan
los que se fueron y siguen agarrados de la memoria, bestias desafiantes o mariposas sin flores.