La Mujer Canica

miércoles, agosto 23, 2006

Día 37- La intelectuala

La intelectuala soñaba con un “¡Oh, nena!” mientras memorizaba frases de Simone de Beauvoir y festejaba la incorporación de la mujer proletaria (mano sudamericana) a la economía.
Se apuraba escupiendo palabras. A cada beso le correspondía cinco teorías y recitaba como nadie la sociología del tango, esperando encontrar alguno que la invitara a bailar.
Tejía cenas de seda epilogal y humeaba vinos abstractos entre citas y ramos de margaritas diseccionadas escritos en Time New Roman (bien impersonal), para un compendio o contrato amoroso que le aseguraba un seguro social, vacaciones al mar y una cirugía a los cuarenta.
Sabe que los amores eternos tienen labios ideales y que el tiempo oxida todo, hasta las ganas, por eso, no intenta más que una “fat live” de oficina o empleada estatal con servicio de mucama. Se liberó de la cocina y de toda instancia pasional. Además, abandó su anarquía creadora (que desafía a todo dios o motor fantástico posible) porque estudió para pensar (ya no puede criar)y hasta boxer de mujeres demandó al mercado.
Ahora parece una muñeca a pila con artrosis y ampollas encayadas en el interior.