La Mujer Canica

martes, agosto 08, 2006

Día 34- Bien, estamos bien



Mirame:

¿Venís venir la oscuridad de la palabra que quiere alumbrarse definitivamente, la desesperación en el lenguaje, las teclas del futuro inexperto, las tiritas de sangre sintética o inyectable?
La pérdida del sueño existe por fin: ya nada de heroísmos a gran escala ni jugueterías con muñequitos a pila. ¡Hay que encajarse muy bien! La piel también se ensambla.
¡Estoy como una gota que se expande, libre, viviéndose liviana! ¡Encajada en la existencia!
Puedo, ruedo hasta la carcajada... ¿Y nunca esperaste "banderitas de taxi libre"? o ¿Alguien te besó con coraje? o ¿Nadie festejó tu vida?... (recuerdo, ahora, que te extraño un poco más desde tu en-tierro, como si fuera una estatua de polvo de pimienta tu presencia (o ceniza); así de absurda, te pienso conciente cuando lame el recuerdo)
Bajó.
Encontró la llave: abrió la puerta del embudo que fue superado por el líquido, todo chorreaba. Chorreaba y se convertían guirnaldas con hombrecitos trepados en los pliegues.
Eso se derramaba, se exiliaba, se alejaba de lo que lo estaba esperando en el eterno centro medular (o hueco). En algún momento, todo se confunde con todo.
El resto, como un reloj de arena, empezó a apurarse hacia el hueco, ¿A dónde se cae? ¿está desapareciendo? Sí, desaparece, porque no toca el estante de abajo en dónde caer y acomodarse puede llegar a ser la posibilidad. Otra forma de encajarse. Pero encontró a la ausencia: Nada SIN... ¿o nada CON?. Se encajó de nuevo en la existencia.
La ausencia era una mosca celosa, incansable.
Entró donde no supo jugar ¿o juzgar?: ¿Jugás? ¿París soles o monedas?.
Hacía ruido, gritaba, donde no debía (como en un pasillo de hospital) y por eso lo extraviaron. Rápido empezó a estallar el mundo mudo, el corazón se hizo hueso y sonó la última lágrima sobre una letra, la primer ausencia vacía. Le soltó la mano y una invitación le dijo: te invito a olvidarte.
En fin, nadie te espera, nadie te espesa. La cara es un as o torbellino en crianza de peces brujos fugados de la boca. Hoy no somos nadie, somos siempre ayer.
En silencio, como un perro hombre, vaguea solo el sueño que pudo ser: el impío se mira asustado, rodeado de espanto tiritante
es un jinete
entonces se mira, quiere detenerse,
se observa
nada puede
sigue galopando sobre el tiempo.
Aspirar ideas "con apología de sopapa", es lo conveniente cuando nos reimos tanto, tanto amigo, de nosotros mismos.
Si en cambio, estubieras acá, podríamos abrazar al mundo (también abrazarlo).